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La llegada del
Dr. Rey Sanabria a la Dirección del Departamento de Pediatría,
le permitió desarrollar algunas de sus iniciativas. La primera
de ellas fue la reestructuración de las distintas secciones del
Departamento. La estructura inicial había sido tomada de la primera
clínica del Seguro Social, y los nombres de cada sección
no especificaban nada. Con la colaboración de los doctores Roberto
Carrascal R, Héctor Ulloque G y Arturo Merizalde J., Rey Sanabria
reorganizó las secciones tomando en cuenta el enfoque de la neonatología,
creándose la primera Unidad de Cuidado Intensivo Neonatal. Hasta
ese momento los médicos pediatras rotaban cada tres meses por los
diferentes servicios. Con el objetivo de que cada profesional pudiera
desarrollar e interesarse más en una sola actividad y se convirtiera
en su propio coordinador, el Dr. Rey asignó, por sorteo, a cada
especialista una sección fija. Esto permitió el asentamiento
de los profesionales por áreas, al tiempo que facilitó el
fortalecimiento de un sentimiento de pertenencia hacia ellas así
como la profundización del conocimiento en un área específica.

El grupo de profesionales estaba integrado por los doctores Héctor
Ulloque G, Álvaro Espinel R, Héctor Martínez G, Luis
Navarrete R, Roberto Carrascal P, Yolanda Cifuentes C., María Cristina
de Patarroyo y Santiago Currea G. El trabajo en equipo y la comunicación
entre ellos no se vio afectada con la nueva asignación. Al contrario,
cada uno trabajó para brindar las mejores condiciones en el área
neonatal asignada. Los esfuerzos y objetivos comunes trabajados desde
las distintas secciones fortalecieron el programa Canguro, ya que todos
lo manejaban en la medida en que propiciaban que sus pacientes se integraran
a él. De vital importancia fue también la preparación
de las madres y la elaboración y entrega de la historia clínica
de los prematuros para su ingreso al programa.
Inicialmente los médicos Residentes de Pediatría de la Universidad
Nacional realizaban en compañía del Dr. Rey la consulta
externa de los bebés canguro. Debido al aumento del número
de pacientes el Dr. Héctor Martínez G se encargó
de la atención permanente de los bebés, trabajo que fue
reconfirmado con su asignación al frente de esta sección.
Es a partir de este momento, como resultado de un proceso y del trabajo
en equipo, que se configura el programa canguro. Un aporte valioso fue
la afición de Edgar Rey a la lectura de temas médicos, pasión
que transmitía a sus colegas compartiendo textos y planteando cambios
e inquietudes en el trabajo diario.
La lactancia se convirtió en uno de los pilares del Programa Canguro.
Además de su promoción, Rey y Martínez difundieron
técnicas apropiadas para su realización. El contacto de
las madres con sus hijos fue uno de los pasos siguientes. El manejo ambulatorio
de los niños prematuros se realizó teniendo en cuenta cuidados
y parámetros especiales. Paulatinamente se fue dando salida a los
bebés no por su peso sino por sus condiciones clínicas,
tratando de darlos de alta rápidamente para evitar las infecciones.
Bajo el nombre de «Manejo ambulatorio de prematuros» se formalizaba
entonces el nacimiento del programa.
El contacto piel a piel fue otro elemento importante. Rey Sanabria había
planteado ya inquietudes al respecto al observar a los marsupiales y sus
crías. El aporte de las madres fue también relevante. Al
darles salida a sus hijos, las madres volvían a los controles con
sus bebés dentro de su ropa para protegerlos. El contacto piel
a piel, promovido por el programa Canguro, surgió como una respuesta
natural, que se estableció en éste, gracias a la retroalimentación
entre médicos y madres.

La implementación de nuevas estrategias y elementos en el programa
continuó durante los años siguientes en la medida en que
iban surgiendo nuevas necesidades. El cambio de la posición lateral
a la de ranitas se decidió luego de un análisis médico
de Rey, Martínez y Ramírez que determinó que los
problemas de caderas en la primera posición eran más frecuentes.
Frente a dificultades como el raquitismo, Rey y Martínez implementaron
el jugo de guayaba. Como complemento de la leche materna, se suministraba
un licuado, que contenía una cantidad precisa de carnes, granos,
cereales, leguminosas, verduras verdes y amarillas y aceite. Indagaciones
posteriores los llevaron a la utilización de la metoclopramida
para manejo del reflujo gastroesofágico, y a la utilización
de la vitamina E.
El continuo control en la consulta de manejo ambulatorio y la capacitación
a las madres y familiares del bebé complementaron el tratamiento
de los niños. El contacto piel a piel en posición vertical
para evitar el reflujo y la broncoaspiración se mantenía
durante las 24 horas del día. En la noche la madre dormía
en posición semisentada, y su constante proximidad con el bebé,
su voz, las caricias y los latidos de su corazón fueron elementos
importantes para evitar las apneas, además de estrechar los vínculos
emocionales entre el niño y su madre.
Pese a los esfuerzos y a las nuevas herramientas metodológicas
implementadas, la situación de los pacientes del IMI continuaba
siendo precaria. Buena parte del grupo de pediatras que había presenciado
el nacimiento del Programa Canguro, al lado de nuevos colaboradores, crearon
en 1982 la Fundación Vivir. A los doctores Ulloque, Currea, Cifuentes,
Rey, Martínez, Navarrete, Carrascal, Espinel y Patarroyo se unieron
Hernando Forero Caballero, Lisímaco Yépez, Ramón
Vega, Martín Larrota, Orlando Pérez y Marina Jaramillo C.
Una característica especial los identificaba: era un grupo de profesionales
batallador, trabajando con el objetivo de brindar apoyo financiero a las
madres más pobres que visitaban el hospital como pacientes, y a
la vez gestionar recursos con diversas empresas para la dotación
de equipos médicos que facilitaran la labor de las distintas dependencias
del IMI.
La Fundación Vivir consiguió las primeras dotaciones del
Programa Canguro, y colaboró con la compra de leche de fórmula,
ropa para los bebés, y drogas para las madres y sus hijos. Constantemente
se realizaban recorridos por las salas para conocer quienes necesitaban
la ayuda. De forma complementaria, desarrolló actividades científico
culturales, destacándose los Cursos de Medicina Fetal y Neonatal
en 1985,1987 y 1989 y el Congreso de Programas Canguro realizado en 1992,
que contó con la asistencia de representantes de cerca de 34 países.
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