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Consolidación del Programa

Desde 1979 el doctor Héctor Martínez Gómez se hizo cargo del programa Canguro, y a pesar de las difíciles condiciones que debió sortear para mantenerlo en funcionamiento, logró hacerlo operativo y crear en su interior una efectiva dinámica de trabajo con las pacientes, haciendo viables las soluciones planteadas por el programa desde sus comienzos.
El programa Canguro empezó a funcionar en el cuarto piso del IMI en un espacio bastante reducido. Desde allí y con el apoyo de Mariela Castellanos como enfermera, el doctor Martínez inició la organización del programa. La capacitación de las madres para el cuidado de sus bebés fue una de sus preocupaciones constantes. Todos los días realizaba charlas con las madres sobre lactancia, nutrición, estimulación y prevención de enfermedades. La invitación se extendía a los padres y a cualquier familiar que quisiera asistir. La capacitación tenía un elemento adicional: el doctor Martínez transmitía confianza y cariño a las madres del programa, agregando una condición que se hizo indispensable para su posterior desarrollo: la calidez humana, el buen trato, la solidaridad frente a la difícil situación que enfrentaba la mayor parte de la población que era remitida o acudía al Instituto Materno Infantil.

Casa Madre Canguro


En 1980 la crisis económica del IMI y el deterioro de sus instalaciones fue ampliamente denunciada por el periodista Germán Castro Caicedo en su programa Enviado Especial, situación que llamó la atención del gobierno nacional que financió su cómprela remodelación bajo la dirección del arquitecto Amadeo Vita entre 1980 y 1984. Durante este período la atención del IMI fue trasladada al Hospital San Juan de Dios, lo que dificultó la operación y el normal funcionamiento de las distintas secciones del Instituto debido a los problemas de espacio. Por esta razón, el programa fue ubicado en el Centro de Salud, en un salón oscuro y frío, donde anteriormente se tomaban las muestras de laboratorio.
Desde 1982 se vinculó al programa el doctor Luis Hernán Navarrete Pérez. Recientemente se había pensionado, pero deseaba continuar trabajando con los bebés en lo que era ahora su tiempo libre. Navarrete recibió la autorización para trabajar en el programa y se integró a sus distintas actividades. Atendía los controles de los niños y participaba en las charlas con las madres. Además, contaba con la facilidad de poder transmitir tanto a enfermeras como a pacientes la información en un lenguaje sencillo.
Durante el gobierno de Belisario Betancourt el apoyo al IMI y en especial al programa Canguro continuó. La primera dama, Rosa Elena de Betancourt, y la ministra de Salud, María Teresa Forero, se interesaron por la problemática del Hospital, al igual que la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de UNICEF, bajo la dirección de Teresa Albanes. Sus ahora constantes visitas al Hospital llamaron la atención de la prensa nacional que empezó a difundir las novedades en el manejo de prematuros que se desarrollaban en el IMI.
UNICEF a través de su directora comenzó también a difundir la metodología del programa en otros países latinoamericanos, y a financiar la visita al IMI de médicos interesados en conocer, adaptar y reproducir el Programa Canguro en sus respectivos países. La constante solicitud de información y las visitas al programa, al igual que su difusión a través de la prensa internacional, favorecieron su consolidación. Algunos de los primeros profesionales que visitaron el Programa Canguro y lo adaptaron en sus respectivos países fueron los doctores Yasick y Revollo de Solivia, el doctor Urquizo de Perú, el doctor León de Ecuador, la doctora Hilda de Molina de El Salvador, el doctor Whitelaw en el Hammersmith en Londres, el doctor R. de Lew en Ámsterdam y la enfermera perinatóloga Gene Anderson en Gainsville en Estados Unidos. A nivel nacional el programa también fue adaptado en distintas ciudades del país.
La llegada de Juan Aguilar a la dirección de la oficina regional de UNICEF, le aseguró al Programa Canguro el apoyo total de este organismo. Gracias a las gestiones del doctor Martínez y al apoyo de UNICEF se lograron conseguir equipos médicos y distintos recursos que se distribuyeron entre todas las secciones del IMI.
Con el apoyo de UNICEF, y una vez finalizada la remodelación de la sede del IMI, se construyó en sus jardines una sede propia para el programa conocida como La Casita. Con la adquisición de un sitio adecuado para la realización del Programa Canguro, disminuyó el riesgo de infecciones, frecuentes en el área común de los consultorios. La sede facilitó además la integración de las madres a través de la socialización de sus experiencias, así como las labores de capacitación y realización de la consulta externa.
Durante los años ochenta otros hospitales de maternidad iniciaron su funcionamiento en el sur de la capital. El IMI pasó a ser un hospital de tercer nivel, concentrándose en la atención de gestaciones de alto riesgo. Por su parte, en el programa Canguro se empezaba a conformar un equipo de profesionales de apoyo desde distintas áreas. Participaron Elsa Marina de Otálora, Terapeuta Física? Luz Esperanza González, Optómetra, y David Medina, Oftalmólogo, junto con psicólogos, trabajadores sociales, estudiantes y profesionales en terapia ocupacional, física y de lenguaje. La labor de la Universidad Nacional ha sido vital para el programa en todas sus etapas, así como en sus comienzos la colaboración de la Universidad del Rosario, la Universidad San Martín y la Universidad Manuela Bertrán.
El apoyo de UNICEF le permitió al doctor Martínez viajar a diferentes encuentros médicos para presentar la metodología y los resultados del Programa Canguro, labor que materializó el aporte de esta iniciativa en el campo de la medicina. El apoyo del doctor Navarrete y de la licenciada Rosario Martínez, quien se vinculó como enfermera jefe del Programa Canguro en 1989, le permitieron ausentarse temporalmente sin afectar el desarrollo del mismo.

Dr. Martinez


Durante este año se inició la sistematización de la información del programa con un computador donado por UNICEF. Se creó también una microempresa para ayuda de las madres y sus bebés. La Fundación Vivir apoyó esta iniciativa con la entrega de capital, y se capacitó a las madres en la elaboración de artículos de lencería y manualidades que eran vendidas entre los visitantes al programa, o en eventos especiales a través de UNICEF. La iniciativa fue un valioso apoyo frente a las difíciles condiciones socioeconómicas que enfrentaban las madres que asistían al programa. La inasistencia a las consultas por la falta de medios económicos para transportarse, o la desnutrición entre ellas era constante. En ocasiones para contrarrestar esta situación se realizaban visitas domiciliarias a las madres que no podían asistir a los controles.
Sin embargo, persistían los problemas económicos que se veían reflejados en las limitaciones para el suministro de drogas, los frecuentes casos de raquitismo y reflujo. El servicio de hospitalización no contaba con la capacidad suficiente y se mantenía una cifra preocupante de mortalidad entre los niños.
Las características y la metodología del Programa Canguro se habían conformado poco a poco, y como respuesta a los distintos problemas que debían enfrentarse. El programa no nació ni se desarrolló como un proyecto de investigación; en realidad, había comenzado como una salida asistencial y no como una metodología científica. Con su difusión a nivel internacional también llegaron los cuestionamientos.
El Centro Latinoamericano de Perinatología, CLAP, con sede en Montevideo y afiliado a la Organización Panamericana de la Salud, no aceptaba la metodología canguro, por no estar respaldada en un estudio clínico, hecho que consideraban contrario a la metodología científica. El CLAP proponía que el programa realizara un trabajo de investigación, comparando un grupo de niños en incubadora con otros manejados con el método Canguro. El rechazo a esta propuesta fue unánime en el IMI.
El programa Canguro tuvo algunas dificultades para responder con dalos y claridad los cuestionamientos formulados desde el exterior. La falta de un manejo estadístico riguroso le impedía respaldar con cifras sus resultados y algunas de las afirmaciones que se hacían. El Programa Canguro reconocía las deficiencias en los dalos pero rechazaba la crítica severa. Además de no ser un programa de investigación, las serias dificultades económicas y logísticas en el sistema de seguridad social condicionaban el proceso del seguimiento médico.
A pesar de estas críticas, los pediatras del IMI continuaron trabajando en el mejoramiento de la atención a los pacientes. En 1992 luego de los análisis realizados en el Instituto Nacional de Salud se suspendieron el licuado y el jugo de guayaba en el Programa Canguro. En el licuado se encontró que la variabilidad de sus componentes no contenía las cantidades de nutrientes necesarias, y el jugo presentaba problemas de fermentación.
En mayo de 1991 fue entregado el premio Sasakawa Health Prize a los doctores Edgar Rey S. y Héctor Martínez G., en Ginebra, Suiza. El premio fue un reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud al trabajo de estos pediatras en el Programa Canguro, a través del cual lograron la reducción de la mortalidad en los neonatos prematuros. Ese mismo año, el Ministerio de Salud de Colombia otorgó el premio José Celestino Mutis al programa.
Hoy esta metodología, en sus diferentes modalidades se utiliza en más de 48 países del mundo.
La doctora Natalie Charpak se vinculó al IMI y en compañía de Martha Girón, trabajadora social, Martha Cristo, sicóloga, y de la Dra. Yolanda Cifuentes emprendieron la realización del primer trabajo de investigación sobre Programa Madre Canguro en Colombia entre 1992 y 1993, incluyendo población del Instituto Materno Infantil y el Instituto de los Seguros Sociales.
En 1995 el doctor Santiago Currea realizó un trabajo de autocrítica nutricional. Los doctores Navarrete, Gallego, La Nutricionista Gloria Hurtado y las enfermeras Rosario Martínez y Patricia Parías patrocinados por WELL STAR, asistieron durante una temporada a la ciudad de San Diego, Estados Unidos, para capacitarse en un curso especial de lactancia materna.

 

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